10 mayo 2009

SEMINARIO " LA LECTIO DIVINA " EN SANTIAGO

La lectio divina es para todos, sin excepción
No se trata de ser un erudito para hacer una lectio divina y escuchar lo que el Señor quiere decir hoy por medio de la Biblia. Todos pueden hacerlo, sin embargo hay ciertos pasos a seguir que la tradición de la Iglesia ha conservado: la preparación, la lectura, la meditación, la oración y la contemplación. Todos son peldaños para tener un encuentro íntimo con Jesucristo.
Más de 500 personas, entre sacerdotes, religiosas y los integrantes de los equipos de formación de las vicarías participan durante la mañana en el taller sobre lectio divina en el Centro de Peregrinos de Schoenstatt, ubicado en La Florida, durante la semana del 4 al 8 de mayo.
Lo mismo hacen por la tarde 500 laicos de parroquias, colegios y movimientos, más diáconos permanentes en el Instituto de Humanidades Luis Campino, en la comuna de Providencia. Todos ellos se han comprometido a asistir todos los días y multiplicar este tesoro, que es escrutar la palabra de Dios, en sus propias comunidades.
El Cardenal Francisco Javier Errázuriz, Arzobispo de Santiago, explica: “Queremos hacer que la Iglesia viva en permanente estado de misión, que cada cristiano tenga conciencia que Jesucristo lo llamó a ser discípulo y que junto a eso quiere enviarlo”. Agrega: “Aparecida nos llama a ser misioneros por desborde de gratitud y alegría, porque cada uno ha tenido una experiencia de encuentro con Cristo tan profundo que quiere compartirlo”. Señala que el documento conclusivo de Aparecida describe numerosos lugares de encuentro con Cristo y uno de ellos es la Biblia. Por eso el Arzobispado invitó al Padre Fidel Oñoro, sacerdote eudoniano proveniente de Colombia y director del centro bíblico pastoral de América Latina, para que dirija un taller que dé a conocer la lectio divina entre los agentes pastorales. El Arzobispo asegura que la participación en este taller marcará profundamente a la Iglesia de Santiago. Para quienes no pudieron asistir, la Vicaría General de pastoral prepara un DVD para difundir entre la mayor cantidad de personas los contenidos entregados por el Padre Oñoro. Un medio para encontrarse con Cristo La lectio no se trata de una dinámica, aclara el sacerdote colombiano, sino de entrar en el espíritu para escuchar lo que el Señor quiere decir a cada uno y a una comunidad hoy. El Padre Oñoro destaca que los orígenes de la lectio divina se remontan al Antiguo Testamento y que ella ha sido “un descubrimiento progresivo, sobre todo en los tiempos de los padres de la Iglesia y de los monjes, durante la Edad Media. Siempre tuvo un carácter divulgativo, popular, en torno a los monasterios, por parte de las personas que venían a aprender a escuchar la palabra junto a los monjes”. Revela: “Sus raíces están en la Biblia misma. Por ejemplo, el capítulo 8 del libro de Nehemías es un ejercicio de lectio divina. También en el capítulo 24 de Lucas, el camino que los discípulos de Emaús hacen con Jesús es una lectio divina”. Ya en el siglo XX “el Concilio Vaticano II rescata este tesoro. Siempre ha estado ahí y siempre ha tenido algún carácter popular. Los monasterios lo han conservado, pero no es exclusivo de ellos. La constitución dogmática Dei Verbum del Vaticano II se atreve a volver a proponer a la Iglesia entera la lectio divina para el crecimiento de vida”.
Cuatro movimientos
La Lectio Divina o Lectura Orante de la Palabra tiene cuatro movimientos, antecedidos de una preparación.
Ellos son leer la Palabra, meditarla, orar y contemplar.
En la antesala, el Padre Fidel es claro al decir que sólo con un alma pacificada y en actitud de súplica se puede entrar en contacto con Jesucristo.
En el primer peldaño no se trata de leer como se hace cotidianamente, sino de “buscar leyendo”, de dividir el texto en las distintas partes en que está encadenado, de fijarse en los verbos y en los sujetos que protagonizan las acciones.
A partir de ello y casi sin darse cuenta surge el segundo peldaño, que es la meditación. Aquí se capta el hoy del texto, se asocia con la vida. El sacerdote sostiene que no se trata de elucubrar, sino de confrontar la acción de Jesús con las acciones propias.
El tercer momento es la oración, que no es otra cosa que “la respuesta que le doy a esa palabra de Dios”. En la lectio hay un doble movimiento: “en la meditación Dios viene para mí con una palabra de vida y en la oración yo le respondo a Él y de esa manera vivimos el diálogo”.
El cuarto y último momento es la contemplación, no de la lectura, sino de Jesucristo, quien es la Palabra de Dios hecha carne. “La contemplación es la gratuidad de estar en presencia de Dios”, declara. ¿Todos pueden llegar a contemplar? “Todos los que hagan el camino”, responde el sacerdote. Escuela de contemplativosA juicio del Padre Oñoro, “la lectio divina es una escuela de contemplativos y contemplativo no en el sentido abstracto, genérico o intimista, sino de profetas que saben leer la vida y responder desde Dios, que es el único que puede cambiar la vida y transformar la realidad. Estoy convencido que la lectio divina es un camino de vida, de transformación, de crecimiento en el discipulado de la Palabra”.
La única manera de comenzar a relacionarse con la Biblia es abriéndola y leyéndola.
Lo primero es “el contacto con la Palabra, aun cuando uno no se entienda todo de una vez. Cuando uno va a la escuela uno no entiende todo lo que le dicen, pero poco a poco uno va enriqueciendo el vocabulario y creciendo con eso. Lo mismo pasa con la lectio. La Biblia se hizo para un pueblo que era analfabeto, que era sencillo y la gente lo entendía. ¿Por qué la gente de hoy no lo va a poder entender?”.
¿Qué les diría a las personas que tienen una Biblia en su casa y no la leen?
Que la abran, que no tengan miedo de leerla. La Biblia es una bendición para la propia vida, un don de Dios, de un Dios que está ahí con la mano extendida, con el pan en la mano y que dice: “Yo te quiero alimentar, esto es para ti”. Abrir la Biblia es responder al amor de Dios que nos tiende la mano con este regalo tan bello. No tengan miedo.

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